No hay plan b
No hay plan b
La angustia
Cuando era chico me operaron de una apendicitis que luego se complicó. Al momento de la operación, el anestesista me dijo: Cerrá los ojos y respirá, vas a sentir un pinchazo y después vas a soñar un rato. Cerré los ojos, me pincharon, pero lo que vino después no fue un sueño sino la noche.
Como si hubiese viajado en el tiempo, me desperté unas horas después, con un dolor en el estómago y una angustia. Lo primero se curaría con el tiempo, lo segundo no.
Seba Codex
Mi primo
Ale Benítez fue mi primo. No teníamos demasiado que ver nosotros, a él le gustaba el rugby y los deportes en general, era muy gracioso y hablaba a los gritos. No se le podía contar un secreto porque no sabía quedarse callado, tenía una manera de hablar que inmediatamente te ponía de buen humor. Nunca le interesó demasiado la música, al menos no lo vi yo, pero siempre me preguntaba por mis proyectos y por las bandas que estaba escuchando. Era padre de Fermín y novio de María Claudia, dos personas maravillosas que lo llenaron de amor. Una noche le dio un paro y murió. Así, como si nada. El dolor que sentí fue inexplicable, no podía dejar de pensar en dónde estaba y a dónde se había ido. Yo soy ateo, a veces envidio la capacidad de la gente con fe, esa fuerza que tienen para la esperanza y el consuelo. Cada tanto la angustia que tengo, la noche eterna de la muerte que me atormenta, vuelve y me persigue. Para pelear contra eso, lo único que tengo es el arte y la fuerza de la gente que amo. No hay plan b es un intento de comprender hacia dónde vamos y especialmente hacia dónde fue Ale. Te extraño mucho, Ale. Espero que esto sirva para hacerte volver un rato al menos.


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